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lunes, 17 de julio de 2017

MARCOS M. CORONADO


Marcos M. Coronado es un joven poeta chiclayano, asentado en Tocache, donde ejerce la docencia, esa profesión que tan olvidada se encuentra por las autoridades. Y como tal, siempre está creando textos, aquí nos comparte su poesía, pero ha de saber el lector, que esta joven voz, además escribe literatura infantil. Habría que seguirle la pista en los años sucesivos.

Comparto con ustedes este poema, enviado vía medios electrónicos para ser compartidos con ustedes, lectores.




GALA, BÁLSAMO DEL DOLOR O EGERIA DE LA LOCURA


 Gala es como un chorro de luz tras un volcán iridiscente
que engulle desde su magma cuando me mira.
Ahora el cielo es azul con ribetes blancos
pintados con un dedo de azafrán.

En un día total mente nuevo, como un fénix tierno
listo para andar, vapuleado por su impotencia
de encadenarse nuevamente a la quietud.

Desde el ornato balsámico de madreselvas y alelíes
me detienes los pasos que van directos a la locura
y en su lugar me hablas de amor,
del loco corazón prisionero en una jaula de huesos.

Pero encuentro sabiduría en el espejo,
el gay saber que los letrados desoyen. Y te pido tiempo
para entenderme con los míos, con las corbatas viajeras
y los desterrados zapatos. Y también el polvo que viene detrás.

Con el espacio ciego y el tiempo en el pecho,
voy por las calles gritando inconcluso,
entonces, los años me asaltan sultánicos
y he vuelto hoy, tan lejano, apenas,
sediento y con los piojos blancos.

Gala, se ha ido, se ha cansado de mí, del dolor
que significa parir un monstro y esperar, esperar qué,
esperar el tierno metamorfoseado del placer.
El tiempo es para ella medida en una flor, y, tiene prisa.

Gala y su mirada aviesa y su seno inquieto
ya no encontrarán soltura en el viejo puerto del amor
a la brisa de un día de arcoíris sobre el mar.
La belleza le es tan lejana ahora, Gala,
la acuarela tenue del dolor.

Mis malabares con la poesía no significan ya más
que un payaso y un semáforo de la urbe gris,
una mascada se alza titánica y nubla mi ser.
Entonces vuelve la ciudad con su bronce corvo
a plañir tan fuerte en mi interior y caen las falanges
como una pandemia de gusanos níveos en baldosas.

Miro. Sedienta la hoja roja, afila sus fauces en lo alto.
¿Qué quiere? ¿qué busca? Acaso la piedra reclama
el cortejo nupcial a deshora. Soy quien se niega a volver
al altar sepulcral. Los cipreses y su espera convulsa
a distancia quedan enhiestos con otoñal atuendo, frígidos,
esperando en vano el nupcial cortejo.

Mi casillo de naipes se tambalea sobre una cuerda de nudos
como un quipu hereditario, un can roe a prisa las orillas
de sus cuatro suyos. Sé que la hora envuelve
de martirio al reloj. A qué viene tanto tormento.
Sabe mis plantas andantes del finito caminar.

¡Oh Muerte, en qué vientre de líquido aquelarre
se jugó tu suerte, tu sino, en qué senil estatua ocultas tu ira!
Gala, hace fiesta en su sexo y tú, qué júbilos festejas.

Wagner, hace espectáculo con los jirones de mi piel,
los enloda, los purifica, los tira a la negra lluvia,
y hace un terciopelo para cubrir a la sombra.
A ti soberana tumba, qué te aflige.

Entonces veo aparecer tu rostro líquido
suspendido en el espacio corpuscular de la noche.
Te interrogo. Hay entre mi pupila y tu cóncavo párpado
un dilema incognoscible, un juego de azar sublime
que envuelto de misterio acorta nuestras distancias.

Ha sido un efímero sueño. Has sido un sutil
tropiezo del yugo humano. Ahora, cada respiro,
cada traspiración de los poros es un azahar florido.
Sensación que se produce al leve vibrato de tu dolor.

Es media noche y el pez nocturno a puesto con sigilo
su ojo en lo alto, vigila tu faz liquida desprenderse
de mi glándula durmiente, tras el fuego acuoso del esperanto.
Las ninfas han muerto. Heroida, recorre la fosa.

Gala, prístina recorre no solo los dominios del dolor,
sino, balsámica entra en los intersticios de mi ser.
Mi pobre alma desnuda no resiste tal intromisión
y se resquebraja como un cirio apenas temperamental
que espera la ascensión de los clavos religiosos.

Gala. ¡Oh, Gala! mi florido jardín de alelíes y ninfas,
de azahares y esperantos; morirá antes del invierno.
Que loca visión arrebató tu esbelto talle.
-Nada, dices. ¿Pretendes el signo natural de la muerte?
Callas. Por qué callas desesperadamente.

Llega la aurora matutina al dintel de mi cuarto
que cubre su nocturna estancia sigiloso.
Llega con éxtasis de una transición malsana y trashumante.
Invoco en desesperación al fénix de la noche,
al cuervo negro de Poe. Y no hay más
que tus ínfulas llenando el aire.

Ni laurel ni cantos satisface tu locura arrebatada.
Respiras adicción. Ni el propio opio se compara
a tu frenética locura de secundarme desde las falanges.
Tortura que impones cual veneno contra toda ilusión de libertad.

Has vuelto al poeta esquizoide en su juventud,
¿Qué será de sus años de olmo, de bisturí?
¿Qué será de su hambre, de su imaginación? ¿Su sed?
Sumisión + dolor. Sumisión+ hambre = dolor.
Seducción + cadáver. Seducción+ otra vez cadáver = dolor. 

Dónde está la compasión de la muerte hipnótica,
ahora que la mañana desde un sueño proverbial avanza
tras las migajas de un cirio desnudo que se envuelve
en un llanto flamígero dispuesto a quijotesco batallar.

Apagado y humante en los brazos otra ves de la aurora,
sediento, cual mármol rocoso y salino, con las falanges exangües
de náufrago en la orilla opuesta, que vive sueño o delirio,
de cadáver y sombras vuelto a renacer.

He de invocarte desde el sepulcral destino: Gala…


Gala, bálsamo del dolor o Egeria de la locura.



Marcos M. Coronado: (Chota, Perú 1987). Docente, poeta y narrador. Realizó estudios de educación en la UNPRG de Lambayeque donde se licenció en la especialidad de Ciencias Histórico Sociales y Filosofía; así miso ha realizado estudios de post grado en Ciencias de la Educación con mención en Investigación y Docencia en la misma universidad.

Ha sido ganador en los Juegos Florales (género narrativo), realizado por la Facultad de Educación de la UNPRG en el 2009. Publicó el libro de cuentos: El último tañer de las campanas en el 2010. Ha publicado en la revista digital Los Omniscientes. Trabajos suyos han sido antologados en colecciones como: Camino a la felicidad, 2016 y La serenidad de los días, 2017. Umbras delirantes (poemario inédito)
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